martes, 21 de septiembre de 2010

Salitre, una carta, un beso en la arena y un adiós(verano [o un hasta siempre])


Te fui a recoger al puerto a la hora acordada. Intercambiamos un par de miradas y dimos un paseo mudo a lo largo del muelle. Creo que aún no era consciente de lo que suponía aquella última hora. ¿Una hora para qué? ¿Una hora para despedirse? Ciertamente creo que en ese momento pensaba que estaba viviendo un espejismo. Que después del paseo te acompañaría a casa como todos los días. Te daría un beso furtivo detrás del arbusto que hay frente a tu casa. Que me alejaría despidiéndome con la mano para que tu madre no sospechara pero que te guiñaría cómplice el ojo. Pero no iba a ser así. No lo fue. Y los efectos del espejismo aún me duran. En unos minutos harán veinticuatro horas desde que te fuiste y aún creo que aparecerás de un momento a otro. Tonto de ti que te aferras a todo incluso a mí, solías decir. Pero ahora el verano ha acabado y volverá la rutina. No sé si mejor ni peor. Tampoco sé si me gustará o si echaré demasiado en falta este verano. No me extrañaría echarte de menos, ni a ti ni al verano. Hemos hecho muchas cosas y supongo que hemos estado demasiado tiempo juntos. Hemos pasado los mejores momentos y también los peores pero creo que es hora de hacer nuevas cosas, nuevos caminos… Así que supongo que es hora del adiós porque ayer no me llegaron a salir las palabras. Así que diré hasta luego, hasta el próximo verano, hasta sabe Dios cuando o simplemente hasta siempre.

Adiós, hasta que vuelvas tú y/o el verano. Un beso y un abrazo del chico de la casita de la playa de en frente.

PS: Tranqui, me he despedido del verano por ti. Descuida =)

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domingo, 5 de septiembre de 2010

La confianza está hecha para ser traicionada



No sirvió de nada absolutamente nada de lo que te dije. Lo sé y lo comprendo. Agaché la cabeza y continuaste caminando. Bajo la soledad de aquella calle la lluvia se convirtió en la protagonista.


Te giraste, creo. Y nos miramos. Fue entonces cuando me sorprendiste. Odie ese instante tanto que no te imaginas la rabia que me causó.


“La confianza está hecha para ser traicionada” Tus palabras resonaban como el eco. Asquerosamente escupiste sobre la palabra relación. “La traición está hecha para poner fin al dolor de noches de inquietud”.



Cielo, no corras tras él, déjalo ir, déjalo.


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lunes, 23 de agosto de 2010

Futuro, Pasado, Barcelona (III)


Al día siguiente me desperté muy temprano. La luz comenzaba a entrar por las rendijas de la persiana. Jugué un rato a hacerme el remolón imaginando que estabas allí. Como si algo natural fuese, me levanté sonriendo pero aún adormilado.


Me dirigí hacia la cocina con la intención de preparar el desayuno para dos en una bandeja y llevarlo a cama. Cuando terminé, ya más consciente. Volví a la habitación despacio para que no se me cayese nada.


Cuando llegué no sé si era consciente de que no estabas allí o si no quería darme cuenta de eso. Subí la persiana del todo y abrí la ventana para que refrescara. Me tumbé en la cama tratando de ocupar todo el espacio que sobraba.


Empecé a tomar una tostada mientras miraba al techo. Fue entonces cuando me pregunté si podría convertir esos amaneceres en una rutina, pero contigo al lado. Las altas posibilidades que ahora había de eso me alegraron el día. Sin duda.


Me dirigí a la universidad siendo el hombre más feliz del mundo. De camino, mientras llevaba una cara de felicidad enorme, vi a alguien al otro lado de la calle. No podía ser posible. Iba tan a mis cosas que no me había dado cuenta. ¿Tú?


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Futuro, Pasado, Barcelona (I) y (II)


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